Luciana Prodan, autora del libro «No somos reinas»

Nació en Argentina, Buenos Aires, en 1977. Es locutora nacional, periodista y escritora. Cursó sus estudios en el Instituto Sudamericano para la Enseñanza de la Comunicación (ISEC) y figura como egresada destacada de dicha institución. Vive en Argentina y ha trabajado en medios muy importantes del país, tanto en radio como en TV. Entre los más destacados se encuentra Radio FM 100, VALE 97.5, Utilísima Satelital. Es autora del Blog Lostreintaymasss por el que fue invitada a la Feria del Libro en los años 2008 y 2009. Tanto hombres como mujeres se sienten identificados en cada una de sus interpretaciones respecto a cómo nos cuesta relacionarnos después de los treinta.

 

¿Por qué elegiste como título “No somos reinas”, teniendo en cuenta que ya de niñas nos inculcan que somos las reinas del hogar?
Porque me parecía interesante justamente esa contradicción. En realidad, no somos reinas, y de nuestras coronas –las reales-, en todo caso, solo se caerían culpas, mandatos y discursos ajenos, en vez de diamantes. Nuestras “coronas” son muy pesadas y nos hacen daño. Ser “reinas”, o las princesitas de la familia –aunque suene inofensivo- es uno de los mandatos más pesados y contradictorios. Por un lado, nos obliga a ser perfectas; el peor error, si es que queremos ser felices algún día; y por el otro a buscar y tener el deber de conseguir un príncipe azul. Siempre me pareció demasiado pretencioso y extremadamente tóxico.

¿Qué es lo que determinó, en vos, escribir sobre los 30 años?
Según la Psicología, es justo en la tercera década donde dejamos de ser hijos; algunas investigaciones explican -de alguna manera- que es el momento inexorable en donde cualquier ser humano comienza con un proyecto de vida propio y adulto. No era algo de lo que estaba enterada hasta que comencé a investigar; pero siempre lo sentí como una bisagra en la vida de muchas de nosotras. La maternidad, la profesión, nuestro estado civil, nuestras amistades, etc., son cosas que irremediablemente nos afectan y nos importan, particularmente después de la tercera década, que siempre aclaro no es la tercera edad. Es una etapa muy interesante para vivir, disfrutar y… analizar, también.

¿Cómo es un día tuyo? ¿Cómo repartís estas horas entre tú trabajo, escribir un libro, promocionar el que ya tenés, tu familia (esto incluye la atención de tus hijos, de tu marido, etc)?
Intento hacerlo lo mejor que puedo. Como todas, creo. No hay una fórmula. En mi caso escribo de noche y resigno horas de sueño para no sacarle esas horas a mi familia, aunque debo reconocer que también es el momento en el que más me concentro; amo la noche. Si tengo que dar notas o participar en algún programa de tv, trato de organizarme y hacerlo en el horario en donde ellos están en el colegio. Intento estar en casa todo el tiempo que puedo.
Respecto a mi profesión, siempre tuve mis prioridades; al principio trabajé mucho, pero llegó un momento en donde supe que no quería estar todo el día afuera de mi casa, no solo por mi familia: no es algo que yo disfrute, ni me haga feliz. Mis hijos y mi marido me acompañan y entienden. Saben de mi amor y mi pasión por lo que hago, y también de mi lucha desde hace tantos años, pero también saben que ellos siempre serán mi prioridad.

Al cumplir los 15 años la tradición indica que es el momento de la presentación en sociedad. Dejas atrás a esa niña para dar paso a la mujer. 15 años después cumplís 30 años, ¿consideras que es una nueva presentación en sociedad?
Sí, considero -antes que nada- que esos son dos mandatos detestables y tóxicos. Y, por eso mismo, las mujeres “vivimos estando a prueba”, algo que nos hace bastante infelices.

Si a los 30 años hemos cumplido con los mandatos familiares, estar casadas, ser madres, ser profesionales, ¿qué se espera de nosotras después de cumplir los 30 años?
En el caso de cumplir con todos esos mandatos, si fueron deseos genuinos, poco nos importará lo que quieran los demás. Pero en el caso de que hayan sido cumplidos y no deseados, seguiremos siendo obedientes y haciendo lo que los demás esperan de una mujer de más de 30, como, por ejemplo, mantener todo eso que logramos -familia, marido, profesión- de la mejor manera. Estar siempre felices y agradecidas por lo que la vida nos regaló. No quejarnos. Cuidar nuestro cuerpo, para no parecer dejadas ni ser abandonadas, entre otras cosas, claro.

El hombre llega a los 30 años sin pareja y no se lo cuestiona. La mujer llega a los 30 años sin pareja y es considerada, podríamos decir, una “solterona”. ¿Por qué en la sociedad en la que vivimos la diferencia es tan sobresaliente?
Haciendo un análisis muy primario, podemos decir que la reproducción y nuestro reloj biológico juegan un papel fundamental. Un hombre no tiene un STOP para ser padre, pero nosotras sí. Por otra parte, está instalado en el imaginario, tanto femenino como masculino, que una mujer que no está en pareja siempre tendrá algún defecto –muy obvio o muy oculto- y, por eso, ningún hombre se le acerca. Es lamentable, pero es otra cosa que muchos, hasta hoy, siguen repitiendo. La CULPA, siempre será nuestra. Tiene que ver con los mandatos y con esos discursos que tenemos que desterrar.

El sentido común de las mujeres que ya son madres dice que no es lo mismo ser madre a los 20 años que a los 30 años. ¿Por qué en este análisis no se incluye el rol de la paternidad?
Porque el rol maternal y paternal no tiene absolutamente nada que ver, aunque la necesidad de complementarse siempre sea tan necesaria como vital. El vínculo parental –padre-madre- para cualquier ser humano será fundamental, y lo marcará para toda su vida. Pero, en lo personal, creo que el rol es, absoluta y profundamente, nuestro. La maternidad es algo que los hombres pueden entender, vivir, acompañar, pero jamás experimentar. Es nuestra. Nosotras llevamos vida 9 meses dentro de nosotras; es realmente milagroso e intransferible. Respecto a la edad y la maternidad, hay mucho para hablar. Pero lo que puedo asegurarte es que hay madres de 20 años que son mucho más maduras que algunas de 30. Dependerá siempre de la historia personal, de las herramientas y de la realidad que acompañe a esa mujer.

¿Qué opinión te merece que la mujer avance y conquiste puestos de trabajo que en otros tiempos era impensable, por ejemplo, que un presidente sea mujer y, a su vez, que estemos al mismo nivel que los hombres?
Yo defiendo y lucho por la igualdad de derechos, pero NO por el cambio de roles. Nosotras somos mujeres y, a veces, se confunde liberación femenina con imitación masculina. Me parece un gran error. Nosotras tenemos que tener los mismos derechos, pero, para llegar a eso, no tenemos que transformarnos en hombres. Que podamos avanzar y conquistar lugares como mujeres siempre será fantástico, y es algo que me hace muy feliz, pero jamás perdiendo nuestra esencia.

Contanos por qué la mujer de 30 años se va a sentir identificada con el libro «No somos reinas».
La maternidad, la sexualidad, la infidelidad, la soltería, el casamiento, los hombres; nuestros miedos, mandatos y discursos ajenos, son parte fundamental de este libro y de nuestra vida. Creo –humildemente- que van a poder sentirse reflejadas desde la reflexión y el humor, en algunos o en todos los capítulos. Si puedo ayudar a una sola mujer a transitar este camino de una manera más liviana, soy feliz. Ojalá sean muchas.

¿De qué se trata tu nuevo libro?
Prefiero no hablar del contenido, porque todavía no está terminado, y es un gran desafío. La idea de ayudar y acompañar nuestro desarrollo en los diferentes estados que transitemos en la vida, intentando hacerlo de la manera más sana y genuina, siempre es, y será, el lema fundamental.

¿Para cuándo estaría publicado?
Espero que pueda publicarse el año que viene.

 

¿Qué querés ser cuando seas grande? ¿Qué vas a estudiar? ¿Cuándo te casas? ¿Cuándo vas a ser mamá? ¿Cuándo te recibís? ¿Vas a estudiar y ser mamá? ¿Cómo lo vas hacer?
Casarte con el príncipe azul que de niñas soñamos y vivir felices para siempre es algo que nos inculcan desde temprana edad.
Seguir los cánones familiares y las tradiciones culturales de nuestros hogares, construye la formación de la mujer de lo que los otros quieren que seamos. Pero ¿realmente queremos ser eso? Llegar a los 30 años plantea esas preguntas y más.
Rompemos esa barrera, y nos proponemos ser nosotras mismas. Esos planteos de quiénes somos, qué queremos ser, la maternidad, la separación de la pareja, la profesión y mucho más, se encuentran en el libro que Luciana Prodan nos ofrecen en No somos reinas.  Mejor hablar de ciertas cosas, a los treinta y más.

 

Publicado originalmente en Piso Trece Revista Digital.

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